Autora: Josephine
Tey
Traducción:
Pablo-González-Nuevo
Fecha
de publicación: 27/06/2022 (original: 1929)
Editorial:
Hoja de Lata
Páginas:
330
Precio:
22,90 €
Londres, años treinta. Una larga
cola frente al teatro Woffington espera impaciente para ver la comedia musical
del momento. De pronto, un hombre parece desmayarse en medio de la multitud. Es
Bert Sorrell, un joven corredor de apuestas, y acaba de ser apuñalado por la
espalda con una fina daga. Ni el estado de shock de la señora Ratcliffe,
testigo más próxima a la víctima, ni el té en el camerino de la encantadora Ray
Marcable, estrella del musical, ni las alocadas teorías anarquistas de la
señora Field, casera de Alan Grant, parecen arrojar luz al caso.
Y sin embargo nuestro intuitivo
inspector de Scotland Yard ya tiene a su culpable: se trata de Jerry Lamont,
mejor amigo de Sorrell, un hombre de aspecto extranjero que huyó
precipitadamente de la cola el día de autos y cuya pista se sitúa ahora en un
pueblecito de las Highlands. Con su traje de pesca en la maleta a modo de
camuflaje, Grant se sube al primer tren rumbo a Escocia dispuesto a cazar a su
asesino y a disfrutar después de una placentera jornada de pesca. Pero no es
oro todo lo que reluce, y puede que este caso tenga algún que otro cabo suelto
que atar (y más de un prejuicio a desterrar). El hombre en la cola es el
primer caso del inspector Alan Grant, un misterio londinense lleno de ingenio,
humor británico y velada crítica a los clichés de la época.
Opinión
“Un
hombre a quien nadie parecía conocer había sido apuñalado en la espalda por
alguien a quien nadie había visto”
Mi experiencia con El hombre en
la cola ha sido un poco agridulce. Empecé la novela con muchas ganas,
convencida de que tenía entre manos una historia de misterio que iba a
disfrutar, pero la lectura fue cambiando a medida que avanzaba. Y, aunque me da
rabia, porque el comienzo me pareció magnífico, al final no he conseguido
conectar con ella.
Lo primero que me llamó la atención
fue su portada, visualmente muy atractiva. Y, después, la escritura de Josephine
Tey; estamos ante un libro muy bien escrito, con descripciones detalladas que
te trasladan a la época y los escenarios de la historia, y un lenguaje culto muy
cuidado. Es una novela que demuestra que la autora sabe escribir y crear
ambientes, y eso es algo que he disfrutado desde el principio.
Grant abrió los
ojos y contempló el techo de la habitación con expresión meditabunda. Llevaba
varios minutos técnicamente despierto, pero su cerebro, atrapado todavía en el
ovillo del sueño y consciente al mismo tiempo de la ingrata frialdad de la
mañana, le había negado la capacidad de pensar. No obstante, si bien su
raciocinio aún no había despertado, era cada vez más consciente de su
desasosiego mental. Algo desagradable le aguardaba. Algo extremadamente
desagradable. Dicha convicción se acrecentó por momentos disipando su sopor, al
tiempo que su mirada clavada en el techo se enredaba con la temprana luz del
sol y las sombras del plátano que se alzaba junto a su ventana. Pero seguía
siendo incapaz de escapar de aquella sensación de desagrado. Era la mañana del
tercer día de sus investigaciones, el día que debía rendir cuentas oficialmente
por primera vez, y no tenía nada que ofrecer al juez de instrucción. No tenía
ni un rastro que seguir.
Pero lo que realmente me conquistó
fueron los primeros capítulos. Me encantaron.
Imaginaos la escena: una cola
enorme delante de un teatro londinense y, en medio de toda esa gente, aparece
un hombre asesinado y, aparentemente, nadie parece haber visto nada. ¿Cómo es
posible cometer un asesinato en un lugar lleno de personas sin que te vean? ¿Quién
ha podido ser? ¿Cómo ha conseguido pasar inadvertido? Es brutal. A mí la idea
me pareció estupenda y enseguida quise saber qué había pasado.
La investigación avanzaba, iban
apareciendo nuevas pistas y yo no podía evitar querer leer un capítulo más. Eso
sí, los capítulos eran bastante largos y soy de las que piensan que, si
empiezas un capítulo, tienes que terminarlo. Así que, entre que necesitaba
dormir para ir a trabajar al día siguiente y que no quería dejar un capítulo a
medias, mi lectura avanzaba más despacio de lo que me habría gustado.
Por desgracia, esa emoción inicial empezó
a apagarse.
Llegados a la mitad del libro (más
o menos), algo cambió. La historia empezó a desinflarse y fui perdiendo el
interés. Algunas situaciones me resultaban poco creíbles y aquello que al
principio me había mantenido enganchada dejó de funcionar. Algunas partes de la
trama se alargaban más de lo necesario.
Y, si hay algo que ha contribuido a
mi desconexión, ha sido el inspector Alan Grant. Quizá las comparaciones sean
odiosas, pero, acostumbrada a Hercule Poirot, con su elegancia, su capacidad de
observación y de fijarse en los detalles, y esa manera tan suya de interrogar,
analizar y atar cabos, Grant se me ha quedado bastante corto. No he conseguido
verlo como ese investigador que me mantiene pendiente de cada paso que da. En
comparación, Grant no me ha convencido demasiado.
Pero lo que más me ha decepcionado
ha sido la resolución del misterio. Esas pistas que parecían tan prometedoras
al principio no terminan de serlo, porque la autora acaba resolviendo el caso a
través de circunstancias externas que el lector no tiene realmente a su
alcance. Me gusta que una novela de misterio me sorprenda, por supuesto, pero
también quiero tener la oportunidad de llegar a mis propias conclusiones, de
sospechar, de equivocarme (sobre todo equivocarme, nunca acierto) y de volver
atrás para comprobar si las piezas encajaban. Aquí he tenido la sensación de
que el desenlace aparece un poco sacado de la manga.
Eso sí, hay algo a favor de Grant:
ni siquiera él parece estar del todo convencido de sus propias conclusiones.
Tiene un pálpito, una intuición que le hace desconfiar de lo que está
descubriendo. Y, aunque no ha conseguido conquistarme como detective, ese
detalle me ha parecido interesante.
Muy a mi pesar, tengo que reconocer
que El hombre en la cola me ha decepcionado. Una premisa brillante, una
ambientación muy atractiva y una prosa que merece la pena, pero el desarrollo
de la trama no me ha convencido. Los personajes me han parecido poco
desarrollados y, sobre todo, no he conseguido conectar con Alan Grant.
Sé que La hija del tiempo,
otra de las novelas de Josephine Tey, tiene muy buena fama y he leído
comentarios muy positivos sobre ella. Pero, después de esta experiencia, no
creo que me anime con ella.
Me da rabia, porque esos primeros
capítulos me hicieron pensar que tenía entre manos una novela que iba a
disfrutar muchísimo. Y quizá por eso la decepción ha sido mayor: porque tenía
todos los ingredientes para conquistarme, pero, finalmente, no ha conseguido
hacerlo.
Una buena idea, un comienzo
prometedor y una ambientación muy sugerente, pero un desarrollo que, a mi
parecer, no está a la altura de lo que prometía.
Curiosidad: Elizabeth Mackintosh, escritora
escocesa, escribió esta novela bajo el pseudónimo de Josephine Tey






